Las técnicas de autocontrol emocional

Técnicas de autoregulación hay muchísimas. Son una buena forma de acompañar a nuestros pequeños cuando están desbordados (de ninguna manera reemplazan nuestro apoyo afectivo) y progresivamente irán ayudando al niño o niña a comprender y manejar formas de gestionar su ira o su frustración antes de incendiarlo todo. Su objetivo está puesto en que nuestro hijo o hija aprenda a gestionar sus emociones, NO en que la pataleta termine tan rápido como sea posible. Recordemos que el cerebro de nuestro hijo está en pleno desarrollo y su capacidad de autoregulación es disminuida en comparación a la de los adultos y eso está bien. Al hablar de esto estamos hablando de que les ayudaremos a desarrollar de mejor manera su conciencia emocional. Puedes leer más sobre la conciencia emocional dando click en este artículo.

Para esto, primero es necesario que recordemos que no hay emociones negativas ni emociones positivas, por lo que no es malo que nuestro hijo se sienta frustrado o enojado por algo que quizás a nosotros nos pueda parecer absurdo o insignificante. Lo que sí puede llegar a “negativizarse”, es la forma en la que dicha rabia y frustración se manifiestan. Por ejemplo: los padres entendemos y toleramos que nuestro hijo se enoje porque no le compramos un helado. Validamos y acompañamos su emoción (que no es lo mismo que ir y comprar el helado), sin embargo debemos transmitirle que no puede ir y golpear a mamá porque está muy enojado. No es malo que se enoje, pero sí es inadecuado que golpee.

Las técnicas de auto regulación, entonces, le otorgan a nuestras hijas e hijos la posibilidad de calmarse un poco y no llegar a ese punto en que la rabia es tanta que acaban golpeando a mamá, así como la posibilidad de tranquilizar su cerebro y despojarse de esa sensación que le hace sentir tan incómoda.

Personalmente sugiero que, con niños desde los 3 años o 3 años y medio en adelante, al enfrentar una pataleta les preguntemos si acaso quieren que los ayudemos a gestionar/calmar esa rabia. Por lo general los niños (y los adultos) queremos dejar de sentirnos así cuando estamos enojados, sin embargo a veces su cerebro quiere funcionar de forma autónoma y no nos quiere cerca o inmiscuyéndonos en su proceso.

Las técnicas de autocontrol son un poco como probarse zapatos: no todas las técnicas serán adecuadas para todos los niños. Podemos probar técnicas hasta dar con aquella con la que nuestro hijo se sienta más cómodo y la que mejor le funcione.

Hay algunos criterios que debemos tomar en consideración respecto de la aplicación de las técnicas de auto control:

  1. Respeto: Estas técnicas de ninguna manera deben incluir dolor, vergüenza, “ley del hielo” o aislamiento involuntario del menor. Deben centrarse en el respeto y permitir siempre que le acompañemos a realizarla (a menos que ellos se sientan mejor solos y decidan prescindir de nuestra presencia).
  2. Incitaremos a nuestra hija a realizarla, mas no la obligaremos: el ejercicio de la técnica es su decisión, no nuestra imposición.
  3. Deben ser apropiadas para la edad del niño: no podemos pretender que una guagua/bebé de 12 meses haga una pequeña sesión de meditación para poder calmarse.
  4. Deben ser apropiadas para las características del niño: Hay niños más calmos que otros. Algunos, frente a una pataleta, acumulan muchísima energía que su cuerpo intenta expulsar de formas agresivas (golpeando a los demás, golpeándose a sí mismos, rompiendo cosas). Si tu hijo es de los que acumulan toda esa energía en su enojo, quizás antes de lograr llegar a “cierra los ojos y medita” sea buena idea que pases por técnicas más físicas, como correr, saltar o bailar, de forma que su cuerpo pueda liberar esa energía que lo inunda.
  5. Anticipación: Debemos haber enseñado la técnica previamente. No podemos, en medio de una pataleta, aparecer por primera vez con una nueva y compleja técnica y pretender que nuestra hija la entienda. En ese momento las funciones del cerebro superior se encuentran en pausa, por lo que probablemente le agobiaríamos más de lo que le ayudaríamos. Es por eso que antes, en un momento en que estemos bien y tranquilas, podemos comentarle que conocimos una técnica que nos ayuda a sentirnos mejor cuando estamos enojadas, la enseñamos y la ensayamos un par de veces en un contexto de juego. Si al presentar la técnica tu hija no te toma atención porque está entretenida en otra cosa, no te pongas ansiosa. Déjalo ahí y vuelve a intentarlo en otro momento.
  6. Mantener nuestras expectativas a raya: No siempre nos va a funcionar la misma técnica, así como no siempre nos funcionará alguna técnica en absoluto. El cerebro de nuestro hijo está en proceso de desarrollo y aprendizaje, por lo que no podemos esperar un único comportamiento lineal y predecible y eso está bien. No quiere decir que haya retrocedido, que sea incapaz de aprender, que no vaya a calmarse nunca o que nosotros estemos fracasando como padres.
  7. Leer la respuesta de nuestro hijo: Quizás una técnica que la semana pasada me funcionó de maravilla, en esta nueva situación de desborde emocional le agobia en lugar de ayudarle. Debemos cuidarnos de no ser insistentes, impositivos ni ansiosos respecto de la introducción o aplicación de la técnica.

Dicho esto, revisemos entonces algunas alternativas de técnicas respetuosas:

1. Pastel de la calma:

Se dibuja un círculo en un papel (que representará la torta o pastel) y la dividiremos en diferentes trozos. Dentro de cada trozo escribiremos un truco o mecanismo para calmarnos cuando estemos alterados, como respirar profundamente, contar hasta diez, imaginar una escena agradable, hacer un baile, etc. La idea es que colaboremos juntos con nuestro hijo y podamos buscar en equipo estrategias que podrían llegar a servirnos.

2. El globo

Invitaremos a nuestra hija a imaginar que somos un globo. Para ser un globo podemos inflarnos (hincharnos) respirando muy profundamente, cerraremos los ojos y nos imaginaremos que volamos alto entre nubes relajantes y pajaritos que nos acarician a la pasada con sus alas.

En esta técnica se puede efectivamente utilizar un globo real, para que sea mas gráfico y fácil de comprender para nuestro hijo o hija.

3. El volcán

El volcEs una manera muy clarificadora para  explicar en qué consiste la emoción de la rabia.

Entonces nosotros somos un volcán: cuando estamos tranquilos la lava permanece en nuestro interior. En cambio, cuando estamos muy molestos, hacemos erupción, lo que provoca que la lava salga al exterior con mucha fuera, muchas veces quemando a alguien más o quemándonos a nosotros mismos.

Si quieres que el niño entienda mejor esta metáfora a través de un experimento en vivo, puedes encontrar dicho experimento en este vídeo:

4. El semáforo:

Tal como en un semáforo, funcionaremos en tres pasos:

Dibujamos un semáforo junto a nuestro hijo, y junto a él pondremos lo siguiente (y que aplicaremos cuando estemos enojados)

En el primer paso, cuando estamos en el color rojo, deberemos detenernos (como lo haría un vehículo ante el semáforo rojo); cuando pasamos al amarillo, deberemos pensar lo que nos está pasando “por dentro” y buscar posibles alternativas de actuación; finalmente, en el color verde, nos tranquilizaremos y actuaremos de forma racional.

5. El rincón de la calma

Esta técnica es maravillosa. Adaptamos un espacio (una mesita, un espacio en el balcón, en su habitación o en algún lugar que sea cómodo) en donde dispondremos distintos elementos que nos sirvan para tranquilizarnos.

Estos elementos irán dependiendo de las características de nuestros hijos, pero algunas ideas pueden ser:

Una carpa con cojines, lucecitas led cálidas, parlante para poner música relajante. Una mesa que contenga elementos sensoriales agradables: pompones de lana, un cuenco con bolitas de algodón o de gel para introducir las manos, cascabeles con sonidos agradables, una vela aromática o alguna esencia de rico aroma, etc.

Yo sugiero, además, tener en este espacio de calma un emocionario, que le facilite al niño ponerle nombre a su emoción o transmitirnos de forma visual lo que está sintiendo.

Aquí te dejo un archivo con tarjetas imprimibles para armar un emocionario. Dependiendo de la edad de tu hijo, podemos sacar algunas emociones que puedan resultarles muy complejas.

Con los emocioniarios además se pueden crear juegos (“cómo te sentirías si…”, “saca una tarjeta y cuenta una situación que te haga sentir esa emoción”, etc.)

6. Frascos de la calma

Los frascos de la calma pueden ser utilizados por sí solos o como un elemento que forme parte del rincón o mesa de la calma. Siempre me ha parecido que su descripción podría ser algo así como “pequeños universos que te puedes quedar atrapado mirando”.

A continuación te dejo dos tutoriales que me han parecido sencillos para hacer sus propios frascos de la calma. Como recomendaciones generales: Nunca hacerlos sólo con agua (o la escarcha/purpurina sólo flotará), utiliza vaselina de bebé o silicona líquida para darle espesor y movimiento. Además, al ir agregando agua, USEN SIEMPRE AGUA TIBIA O CALIENTE (no hirviendo), porque los ingredientes pegajosos se endurecerán si los hacen con agua fría.

7. Parte metereológico

Con esta técnica promoveremos la conciencia emocional, permitiéndole desarrollar de mejor manera su instrospección. Como preparación a esta técnica podemos hacer dibujos, pinturas o inventar historias que hagan un símil entre el clima y las emociones. Si se siente relajado brillará el sol, si está preocupado habrán nubes. Por otro lado si está enojado o estresado puede haber una tormenta eléctrica, un tornado o algo similar, mientras que si se siente triste puede estar lloviendo suavemente. Todo dependerá de como ustedes decidan imaginarlo.

Al momento de aplicar la técnica le podemos preguntar “¿Cómo está el clima ahí dentro?”.

Una buena idea es que no esperemos sólo a los berrinches o pataletas para hablar del parte metereológico, si no que lo ideal sería incluir este intercambio en la cotidianidad.

8. La Rana

Me gusta esta técnica porque es sumamente adaptable.

Podemos ayudar a los niños a imaginar que son una rana. Este animal les permitirá dar saltos como lo haría una rana enojada (y así liberarán esa energía que se acumula) o pueden quedarse quietecitos y observar como una rana en el estanque.

Se incorpora además el ejercicio de respiración que hacen las ranas: inhalan aire profundamente, inflando la barriga como hacen las ranas, y exhalándolo con lentitud. Con niños más grandes se les puede invitar también a que se hagan conscientes de qué pensamientos se les vienen a la cabeza mientras exhalan el aire, y una vez que los tengan pueden decidir si acaso los quieren echar al agua del estanque para dejarlos ir o si quieren que conversemos sobre ellos.

9. La vela y la flor

Mi técnica favorita. Mi técnica más favorita del universo. Cuando Alonso era más pequeño y no podíamos aplicar esta técnica porque era muy difícil que pudiera imaginar una vela y una flor, hacíamos burbujas o imaginábamos que hacíamos burbujas.

Para la explicación de la técnica les dejaré este video (también puedes verlo directamente en facebook dando click en este enlace), que grabamos cuando Alonso había cumplido recién sus 4 años. Es un video que, cabe mencionar, me llena de orgullo y me enternece profundamente, porque mi pequeño ha sido todo un compañero en este camino de descubrir la disciplina positiva.

Estas son las técnicas que quería compartir contigo. Por supuesto que surfeando en internet podrás encontrar muchas más, pero lo más importante es que te preocupes de que no traspasen los límites del respeto y la consideración con tu hijo o hija.

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